• noviembre 3, 2020
  • Marlen Treviño
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Que la meditación es una práctica ancestral que conlleva multitud de beneficios en nuestro cerebro y experiencia vital, como han demostrado estudios científicos al respecto, es algo que todos, en mayor o menor medida, conocemos.

Sin embargo, no todas las personas que se han acercado a la meditación han tenido una experiencia gratificante, por lo menos al principio. Esto puede deberse a prejuicios previos que asocian la práctica meditativa a la religión, a que una persona sienta que necesita meditar pero cree que por su nivel de estrés y nerviosismo no va a conseguirlo, o porque realmente solo lo hace porque “está de moda”.

Sea de la forma que sea, el caso es que meditar es algo que podemos hacer todos los seres humanos, TODOS estamos capacitados para concentrarnos, para estar atentos a nuestra respiración o a visualizar un problema concreto sin involucrarnos en él, en este caso, se trata de meditaciones más avanzadas. Si te ha resultado difícil hacerlo, sigue estos consejos.

Comienza con períodos cortos (3 a 5 minutos)

Al igual que una rutina de ejercicio físico, en la meditación no es necesario emplear una gran cantidad de tiempo. Lo importante es ser constante. Ya iremos aumentando el tiempo en la medida en la que mejoremos nuestra concentración.

Varía entre meditaciones simples y complejas

Para aquellos días en los que notamos que nuestra mente tiene mucho “ruido” recomendamos meditaciones sencillas, como la atención en la respiración, sensaciones corporales, sonidos… Para días en los que nuestra mente está más “lúcida” podemos aventurarnos en meditaciones más intensas y sutiles, como: la compasión, el amor o la impermanencia.

Busca un lugar cálido, tranquilo y cómodo

Encontrar tiempo para practicar es complicado en este mundo frenético en el que nos ha tocado vivir, pero si adaptamos un lugar para nosotros en el que nos sintamos a gusto, con una temperatura adecuada y un ambiente silencioso, puede ser un punto de encuentro con nosotros mismos al que nos apetezca ir.

Sé flexible

Evita pensar en la meditación como un todo o nada. No todas las personas alcanzar el relax de la misma forma o se concentran con la misma técnica. Es importante que cada uno encuentre la suya.

Comprende y aprende

Aunque se pueda pensar que el objeto de la meditación es llegar a un punto de concentración tal que nada puede distraerla, es importante ser consciente de que la mente ya se ha distraído antes. “No es mejor meditador el que más concentrado está, sino el que más se da cuenta que la mente se ha ido”.

Fuente: Gaia.

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