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Aunque correr suele mejorar la salud también tiene su lado negativo: las lesiones (rodilla del corredor, problemas en las espinillas, etc). Algunos movimientos o malos hábitos nos pueden jugar una mala pasada en más de una ocasión, así que es importante recuperarse bien antes de retomar el running.

Encuentra el momento adecuado

¿Cómo empiezo a entrenar después de una lesión? Antes de nada deberías decidir cuál es el mejor momento para retomar los entrenamientos. Apuesta siempre por los plazos largos y, sobre todo, retoma los entrenamientos cuando realmente te hayas recuperado: tu salud y tu rendimiento te lo agradecerán. ¡No te arriesgues!

Empezar demasiado pronto puede echar a perder tus esfuerzos por recuperarte. El tiempo de espera para retomar el running dependerá de la gravedad de la lesión.

Fíjate un plan a largo plazo

Cuando ya sepas que es el momento de empezar a correr sigue un plan de entrenamiento, un programa estructurado ayuda a ser más constante con los entrenamientos. Recurre a un doctor, un fisioterapeuta, un nutricionista o incluso un entrenador para seguir las pautas que te indican en conjunto para ir por el buen camino. Es importante que le dediques tiempo pues te ayudará a concentrarte mejor en tus objetivos.

¡Ten paciencia!

Recuerda aumentar el nivel de intensidad muy poco a poco para evitar las recaídas. Fíjate distintos objetivos en el plan de entrenamiento y ve adaptándolos. Los atletas también deben entrenar “el músculo de la paciencia”. Del mismo modo que intentas tener determinación y dedicación en el deporte, cuando te toque recuperarte también tienes que sacar a relucir estas cualidades: serán un factor clave si tienes por delante un largo plazo de recuperación.

Aprende de las lesiones

Muchos corredores sufren lesiones debido a un desequilibrio en la estática corporal o la falta de entrenamiento, por ejemplo. Durante el proceso de recuperación, los entrenamientos funcionales pueden ayudarte a trabajar el cuerpo de manera más específica y puedes aprender mucho de tus lesiones. Considera cada dolor una señal de alerta e investiga qué es lo que causa esa molestia.

Dedica tiempo a la recuperación

¡La recuperación también debería estar presente en tu plan de entrenamiento! Al igual que la fase de calentamiento, que prepara los músculos para el ejercicio físico que vendrá a continuación, la fase de recuperación también es muy importante. Los ejercicios de equilibrio, la sesiones de yoga, los estiramientos, las saunas y los masajes, por ejemplo, ayudan a acelerar la recuperación. Deja a tu cuerpo suficiente tiempo para relajarse, así tendrás mejores resultados y reducirás el riesgo de lesión.

Tómate el proceso de recuperación como algo positivo: estas fases ayudan a volver con más fuerza tanto física como mentalmente.

Fuente: Runtastic.

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