Piensa en las últimas veces que has comido a lo largo del día: ¿realmente tenías hambre? En algún momento, todo ser humano ha comido de forma impulsiva y excesiva, bien sea a solas o en un ambiente social.

Pero cuando sucede de manera continua y prolongada caemos en lo que se ha denominado hambre emocional: desligar los alimentos de su función de nutrición y utilizarlos como un regulador de las emociones. Pierdes de vista que aquello que ingieres ha de ser una fuente de energía del cuerpo y le atribuyes a la alimentación otras funciones poco adecuadas. Se caracteriza por:

  1. Impulso de comer sin sentir hambre fisiológica.
  2. Sentimiento de culpa y arrepentimiento tras estos atracones.

CÓMO EVITARLA

Aprender a identificar el hambre real

El hambre real va surgiendo de forma progresiva y se incrementa a medida que pasa el tiempo desde tu última comida. Es una sensación fisiológica que se inicia en el estómago y te permite decidir, de forma consciente y deliberada, qué alimentos ingerir.

Cultivar recursos para gestionar emociones

Si deseas dejar de comer de manera emocional has de solucionar las principales causas, comenzando por aprender a conectarte con tus sensaciones, escucha a tu cuerpo y hacer un esfuerzo por entender el mensaje que quiere transmitirte en cada momento.

Comer tranquilo y relajado

Comer de manera consciente ayuda a desarrollar una relación sana con la comida e identificar cuándo estás saciado. Acostumbra un lugar tranquilo y sin distracciones para enfocar tus sentidos en la comida y en tu cuerpo. Bebe abundantes líquidos para favorecer la sensación de saciedad.

Fuente: Mejor con Salud.

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